En el municipio cántabro de Vega de Liébana, rodeada de un impresionante paisaje arbolado donde confluyen los arroyos de Valtiero y San Andrés, se encuentra la pequeña aldea de Ledantes. La unión de estos dos arroyos forma el cauce del «Arroyo las Viñas». Además de la hermosa arquitectura local y el entorno natural excepcional, este arroyo proporcionaba la fuerza necesaria para operar uno de los más importantes ingenios hidráulicos de épocas pasadas: «La Pisa de Ledantes».
Probablemente, junto con la de Aniezo, esta es una de las dos últimas pisas o batanes que sobreviven en Cantabria, lo que le otorga un gran valor etnográfico.
El agua, canalizada, hacía girar una rueda hidráulica conectada a un eje que tenía en su centro dos piezas de madera llamadas levas. Estas levas, dispuestas a noventa grados, levantaban alternativamente dos mazos de madera, encargados de golpear las telas. Las piezas de tela se sumergían en agua para evitar que el calor generado por los golpes las dañara. Este proceso duraba uno o dos días, cambiando la posición de la tela durante la mañana, la tarde y la noche. Al finalizar, solo quedaba dejarla secar.
Desde la Edad Media, este mecanismo se utilizaba para golpear, desengrasar y tratar las telas, que eran toscamente tejidas en los telares, resultando finalmente en un paño denso y resistente.



